La Antropóloga de la Universidad de Duke Investiga las Políticas Sobre la Represa de Itaipú, en la Frontera de Brasil y Paraguay

September 27, 2019

Christine Folch investiga las políticas hídricas y de energía relacionadas con la represa de Itaipú.

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Christine Folch, profesor asistente de antropología cultural y ciencias políticas y ambientales de la Universidad de Duke, visita la represa de Itaipu, ubicada por el rio Paraná en la frontera de Brasil y Paraguay.

Foto cortesía de Christine Folch

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-Translated by Kenneth Maffitt, Center for Latin American and Caribbean Studies

Durante los últimos diez años, Folch, profesora asistente de antropología y ciencias  políticas y ambientales de la Universidad de Duke, ha dedicado su investigación a entender y describir las políticas sobre la represa de Itaipú. La represa se encuentra en la frontera de Brasil y Paraguay, y suministra energía hidroeléctrica a ambos países.

El Tratado de Itaipú, firmado en 1973, definió como se distribuiría energía de la represa entre Brasil and Paraguay. Para el año 2023, el acuerdo será renegociado.

Folch ha publicado su primer libro (2019) sobre el tema, "Hydropolitics: The Itaipu Dam, Sovereignty, and the Engineering of Modern South America." La profesora planteó resultados de sus investigaciones ante el Congreso de la República de Paraguay este verano.

P: ¿Como comenzó a investigar la represa de Itaipu?

Cuando fui a Paraguay, pensaba estudiar los efectos de la globalización, pero todo el mundo hablaba del recurso hídrico y de energía —y todos seguían diciendo que yo debía estudiar esos asuntos.

Soy antropóloga—se supone que escuchamos a la gente, y resulta que los paraguayos tenían razón: su problema de agua y energía es muy importante. 

P: ¿Como representa la represa Itaipú preocupaciones más amplias sobre ética ambiental?

Los problemas tradicionales de las represas son relevantes en este caso -- comunidades desplazadas, tierras inundadas, y pérdida de hábitat. Pero hay que considerar también que Itaipú es una represa binacional, una copropiedad tanto de Brasil como de Paraguay, y por eso esta también simboliza relaciones y asociaciones entre países asimétricos (Brasil es mucho más rico y más grande que Paraguay). 

P: ¿Como antropóloga cultural, que busca cuando hace investigaciones?

Me fascina como la gente toma decisiones—las opciones que imaginan y los valores que traen al proceso. Por lo tanto, estudio como la infraestructura es el producto de procesos de toma de decisión que promueven prioridades particulares y eliminan otras de ser consideradas. Pero también le doy la vuelta a ese concepto, porque la infraestructura influye cuales opciones son posibles.

Estudio dependencias políticas y económicas del camino – cómo las interacciones actuales están influenciadas por decisiones pasadas – que surgen de la energía hidroeléctrica en un contexto binacional.

Permítame explicar porque esto debería importarnos en los Estados Unidos. Aquí, dos tercios de nuestra electricidad es producida a través de la quema de combustibles fósiles. Esta dependencia mayoritaria sobre combustibles fósiles para la generación de electricidad es el estándar en todo el mundo. La única excepción es América del Sur, donde casi dos tercios de la electricidad proviene de fuentes renovables.

En este sentido, la energía renovable no es una fuente alternativa; la industria depende de ella. En Brasil, el 80 por ciento de la electricidad proviene de fuentes renovables; 17 por ciento de esta proviene de Itaipu. En Paraguay, el 100 por ciento proviene de fuentes renovables.

Si queremos echar un vistazo a la política, la economía y las relaciones internacionales de un mundo sin combustibles fósiles, deberíamos mirar a América del Sur.

P: Usted ha trabajado en temas relacionados con la represa por más que diez años. ¿Que ha cambiado durante este periodo? 

Hoy en el mundo, somos más conscientes de la necesidad de pasar lo antes posible de los combustibles fósiles a las formas de electricidad neutrales en carbono.

Paraguay ha experimentado crecimiento económico estable, pero ahora sufre un proceso de contracción porque su economía está dominada por dos productos básicos: soja y carne de vaca. La gente percibe la necesidad de diversificar la economía, pero no como hacerlo. Por el otro lado, Brasil ha visto un cambio en su perspectiva gubernamental sobre las energías renovables a gran escala y la posible integración energética en el hemisferio.

P: ¿Por qué decidió usar Twitter, donde publicó un video explicativo sobre la represa de Itaipú? ¿Cuál fue la respuesta?

Lo que pasa con la infraestructura energética es que los expertos a menudo hablan en términos técnicos, de megavatios hora y líneas de alta tensión. Pero yo creo que es muy importante traducir conceptos complicados al un lenguaje que sea entendible, de esta forma es como los ciudadanos comunes se convierten en ciudadanos verdaderamente informados.

Había debates muy importantes el verano pasado en Paraguay sobre la represa y poca gente hizo este trabajo de traducción. Por eso lo hice yo. Presenté los hallazgos de nuestra investigación ante el Congreso de Paraguay. El auditorio estaba lleno de expertos, pero porque estábamos siendo transmitidos a todo el país, decidí presentar los hallazgos en un lenguaje más accesible.

Y debe haber funcionado porque la gente compartió el video.

Aquí hay también una lección para académicos en los EE. UU. Existe un lugar para el lenguaje técnico y especializado. De hecho, oír a los expertos es necesario. Pero también hay un lugar para traducir esos mismos conceptos a un lenguaje normal. Cuando la gente siente que finalmente entiende lo que antes era confuso, se iluminan, se entusiasman mucho y se convierten en proponentes.

P: ¿En su opinión, cuál sería el resultado ideal para la firma del tratado de la represa de Itaipú en 2023?

Ese año representa un punto de inflexión para el proyecto Itaipu. En 2023, la deuda de construcción de Itaipú será cancelada, y como resultado el precio por unidad de energía será mucho más bajo. Pero es también una fecha de “renegociación” del mandato suscrito en el tratado, cuando los países pueden hablar sobre los precios de la energía y los acuerdos de distribución de energía. Por esa razón, hay un llamado a la introspección, al menos en Paraguay. Estoy convencida de que Itaipú tiene el poder de transformar Paraguay, pero para que esto suceda, debe haber un cambio fundamental en el enfoque: en lugar de enfocarse en el ingreso de recursos por la venta de la energía a corto plazo, el enfoque debería estar en usar la electricidad para el desarrollo. 

Paraguay actualmente tiene un recurso increíblemente raro: un excedente masivo de electricidad. La mitad paraguaya de  Itaipú es suficiente para suministrar energía a más de tres Paraguay. Ahora mismo, esa electricidad se vende a Brasil por un precio inferior al del Mercado. Pero a Paraguay le conviene utilizar esa electricidad ahora, mientras que hay un excedente para impulsar una industrialización “verde”, fomentando emprendimientos sostenibles que tengan prácticas laborales éticas y sean ecológicas. La demanda de electricidad en Paraguay está creciendo anualmente y, alrededor de 2035, su demanda alcanzará su capacidad instalada. Tiene que ser ahora.

En fin, el resultado ideal para mí es que Paraguay se embarque en un plan de industrialización verde y que Brasil y Paraguay juntos hagan que esto suceda.

 

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